La cuestión de la identidad y el patrimonio en lugares como nuestra comuna, que ha vivido de crecimientos explosivos y también de pausas en su poblamiento durante su devenir histórico, es un tema que no podemos soslayar a la hora de hacer un análisis historiográfico del lugar que habitamos. En ese sentido pretender entender el primero sin el segundo resulta, como ha sido, un ejercicio inútil si pretendemos abrir debate y texto en torno a la problemática de la conservación o el conocimiento que tienen los habitantes de nuestra comuna en cuanto a qué significa ser san bernardino o qué valor tenemos todos en el pasado y el futuro de la comuna.
Paso a explicarme. Si bien hay algún apronte desde la historiografía y el academicismo a la Historia y el patrimonio de San Bernardo estos han sido desde prácticas y paradigmas que no logran completar el complejo puzzle de nuestra identidad, tesis que ya han pasado de moda y que solo nos presentan imagen tras imagen, cuál de todas más o menos anecdótica, de nuestro pasado, en tesis, común. Estudios sin mucha ciencia, escasos en citas y fuentes, cercanos al “conventilleo” historiográfico antes que el análisis de las fuentes como elementos de estudio, no solo del tipo de vestuario, música y arquitectura, sino también del aspecto vivencial de quienes nos precedieron en el habitar este espacio.
Estos textos, que de todas formas han sido cita obligatoria para nosotros quienes gustamos de la Historia, heredan uno tras otro, ya sea por práctica política o escasa convocatoria social, el gen de cierto “pecado capital” en la concepción del estudio de la Historia en nuestra comuna. Gen que incuba en cada nuevo texto, como en la bien intencionada “Guía Patrimonial” editada por la U. de Los Andes, un cierto aire de conformismo de recrear siempre las mismas Historias y Memorias, obviamente, para el mismo público, quienes a su vez son descendientes de aquella “épica”, una especie de círculo cerrado que ya sea por omisión o desgano, en un efecto embudo, comprime la Historia de todo San Bernardo en unos cuantos aspectos, edificios y personajes, círculo que de manera centrípeta contrae la experiencia, por ejemplo del poblamiento de los sesenta y setenta en los márgenes del centro, a quien o no estudio en el Liceo de Hombres en aquellos mismos años. En resumen, hemos estado frente a una simplificación, sobre todo positivista, de nuestra Historia que ha hecho énfasis en los nombres y hechos particulares antes que en las formas de sociabilidad de nuestros vecinos en los mismos periodos temporales.
No se debe entender lo anteriormente dicho como que todo lo escrito sea erróneo, ya que es ante todo el material que debe reposar bajo la nueva Historia a construir, la materia de crítica “que alguien debía hacer”, como me dijo un amigo hace unos años y a la cual debemos contestar, insisto, no por que debamos subyugarla, sino, porque es nuestro deber ante la primera mirada extender la segunda, y allanar el camino para que además la nuestra no sea la última. Tiene entonces esta antigua Historia su valía en cuanto ha sido motor de nuevos compromisos como punto de partida a la crítica y el debate, también por que ha sido la semilla del conocimiento de nuestro pasado, pero no debemos dejarla ahí sin pretender continuar el camino. Por ejemplo, notable ha sido la relevancia que un grupo de personas ha logrado entregar a la Maestranza, fuente de innumerables Historias, pero que al andar de los años, fuera de los ámbitos más cercanos al tema, pocos tienen noción de su valor social, deshumanizando el objeto, convirtiéndolo en no más que imagen, un grabado de un instante y no la película de un proceso.
Ahora bien, bajo mi parecer, es de suma necesidad generar los espacios e instancias para debatir en torno a nuestra Historia y Memoria pero entrando de lleno al plano de lo social e identitario. Hace largo rato ya que nuestro devenir histórico sobrepaso la barrera del centro y tiene que ver fundamentalmente con el desarrollo societario de los actores que han ido poblando nuestra comuna en sus márgenes. Historias de migrantes, tomas, ferias libres y clubes deportivos, también de delincuencia, antros y marginalidad. En resumen, una Historia y Memoria que probablemente entroncará más fácilmente con aquellos descendientes, como yo, de quienes iniciaron su camino en nuestra comuna habitando ranchos sin más pariente que el vecino, estableciendo comercios que rayaron en la ilegalidad o que establecieron sociedades fructíferas como feriantes o perseros. Enlazar esta Historia con la del centro, imbuirla del sentido de desarrollo estructural, en el sentido de habitante, marginalidad y centro, conexo al desarrollo social del país, posicionando al poblador común y corriente en el devenir histórico de la ciudad. Creo, desde mi opinión, que lograremos hacer un aporte real desde nuestra disciplina al desarrollo de San Bernardo al tiempo que entregaremos nuevas herramientas a quienes como nosotros un día quieran ir más allá en la investigación y dar nuevas luces a nuestra Historia.
Marcelino Romero Cárdenas
Lic. en Historia y Ciencias Sociales UARCIS

No hay comentarios:
Publicar un comentario